Unas de las cosas que más nos asusta es la fiebre en los niños y muchas de las dudas surgen en cuanto a los más pequeños de la casa les sube la temperatura, se nos cae encima, el trabajo nos estorba y empezamos a buscar el teléfono de toda la familia, las reservas de este y aquel antitérmico, las llaves del coche, la ropa, las maletas para 7 días y la dirección del centro de salud, hospital o la farmacia más cercana, y la más cercana a la más cercana por si acaso.

La fiebre no es más que un signo de que algo está haciendo reaccionar a nuestro cuerpo frente a una agresión externa, normalmente una infección vírica o bacteriana, que hace que se eleve la temperatura corporal por encima de lo habitual. Una señal por otro lado, de que el sistema inmunitario está reaccionando correctamente y por tanto la primera de las señales de alerta y defensa, que pone en marcha toda la cascada de acciones defensivas de nuestro cuerpo frente a la agresión.  

Estos enemigos de la salud se desarrollan, los virus no son organismos vivos como las bacterias, a temperaturas menores a la de la sangre cuando estamos bien, unos 37 grados Celsius.

Al subir la temperatura se crea un clima hostil que impide el avance del enemigo y si descendemos la temperatura y la mantenemos, por medios químicos o mecánicos por debajo de 37 grados, solo favoreceremos el desarrollo de la enfermedad.

Es importante no caer en la tentación y sopesar la situación. El organismo es capaz de abordar el problema pero hay que dejarlo hacer su trabajo. Sólo trataremos los síntomas del niño si está mal e incómodo, tiene dolor y la fiebre hace que vomite, pero si el niño está contento, come y está tranquilo no hay por que administrarle el antitérmico a las primeras de cambio, además hay otras medidas:

  • Debe beber abundante y frecuentemente agua. Es muy importante este punto, pues el mayor riesgo de la fiebre es la deshidratación, pero recordar que la fiebre es la respuesta y que el causante es el organismo que está causando la infección, que es el responsable de esa respuesta.
  • En caso de preparar un baño no es conveniente que el agua esté fría, tampoco muy caliente.
  • Intentar que no esté demasiado abrigado. Podríamos considerar que una temperatura de 21 grados como suficientemente confortable y adecuad. En verano si hace calor y hay que refrescar el ambiente, pues sin miedo, el niño no y el desarrollo de su enfermedad lo agradecerán.
  • Recordar que lo primero que vamos a tratar al inicio de un tratamiento farmacológico es el malestar del niño cuando tiene fiebre: si tiene dolor, no come, y está incomodo, llora mucho y se irrita con facilidad. Cuando además la temperatura es muy alta, mayor a 38-39 grados, es el momento de empezar a tratar a nuestro pequeño con antitérmicos como el ibuprofeno o el paracetamol (que es de elección en bebés desde el nacimiento para el dolor y la fiebre, pues el ibuprofeno, que además es antiinflamatorio, sólo debe darse en niños a partir de 6 meses por presentar reacciones adversas más complejas; además de que los bebés de tan corta edad no tienen tan desarrollada la capacidad para metabolizar fármacos como un adulto). El paracetamol se puede pautar en intervalos de 4, 6 y 8 horas y siempre se calculan, ambas dosificaciones, en función del peso. La edad solo sirve como intervalo orientativo. 

Algunas cosas que debes saber.

Se puede repetir la dosis si el niño vomita pero solo si lo hace inmediatamente después de hacer el primer intento de administración.

La fiebre no tiene por que remitir siempre inmediatamente o a la misma hora después de darle un antitérmico. Lo importante es que mejore el estado general del niño, puede bajar un grado, medio, o incluso décimas.

La fiebre no siempre define la patología; insistimos en que es una respuesta del organismo a la hora de combatir la enfermedad y por supuesto que intervienen más factores y éste, que es muy sabio, va a intentar mantener una temperatura más alta de lo normal para ganar la batalla. Hay patologías muy graves que no cursan con fiebre alta, otras infecciones más comunes, por ejemplo, pueden elevar la temperatura por encima de los 40.

Tampoco si nuestro pequeño presenta convulsiones debemos sacar conclusiones y sí acudir al centro más cercano. Puede aparecer en niños si la subida de temperatura es muy brusca.

Especial vigilancia y situaciones a tratar:

  • Fiebres de más de 38-39, acompañadas de malestar e irritabilidad, falta de apetito y decaimiento general, el niño vomita y/o rechaza incluso la bebida.
  • Fiebres muy altas mantenidas por largo tiempo, 1 a 2 días en menores de 2 años.
  • Fiebres de más de 76 horas en niños de 3 años.
  • Niños de hasta 6 meses.
  • Para cualquier otra situación por encima de este límite de temperatura, 40 grados y mantenida en el tiempo, es mejor acudir a urgencias, también si presenta convulsiones o tiene algún otro tipo de patología crónica asociada, rigidez muscular, especialmente en el cuello aun cuando ya remitió la fiebre, manchas extrañas en la piel.

Antonio Busto Cuiñas

Colegiado Nº 2952

Fuentes: Asociación Española de Pediatría y Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, BOT Plus